Capacidad de pago a largo plazo.
La solvencia es la capacidad de una entidad para cumplir sus obligaciones financieras a largo plazo. Se evalúa con indicadores como el nivel de endeudamiento, la cobertura de intereses y la relación entre deuda y capital.
Se distingue de la liquidez, que atiende el corto plazo: una empresa puede ser solvente y, a la vez, tener tensiones momentáneas de efectivo.
La solvencia influye en la calificación crediticia y en el acceso a financiamiento en mejores condiciones.
Mejorarla suele implicar reducir deuda, aumentar capital o mejorar la generación de utilidades.
Los acreedores la analizan junto con la liquidez y la rentabilidad para decidir si otorgan crédito y en qué condiciones.
Una buena solvencia permite a la empresa afrontar sus compromisos con mayor tranquilidad.